Prioridades

Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos” —Éxodo 14:14.

Vivimos en un mundo de córrele para acá y para allá. Parece que la tranquilidad ya no existe. Las enfermedades más comunes que están a la orden del día son el estrés, gastritis y crisis nerviosas, entre otras.  Buscamos cómo organizarnos mejor para cumplir con tantos compromisos, pero tal parece que terminamos cada vez más enredadas.

Nuestro estilo de vida necesita dar un giro si queremos llegar a la tercera edad con salud y buen carácter. Pienso que como mujeres cristianas necesitamos detenernos  y analizar si lo que estamos haciendo a diario es lo más importante. Esta semana me encontré con este pensamiento:

Nunca cambiarás tu vida hasta que cambies lo que haces diario. El secreto de tu éxito se encuentra en tu rutina diaria”.

Toda mujer se enfrenta cada día con actividades urgentes e importantes y casi todas realizamos las urgentes dejando a un lado lo importante.

Lo más importante en nuestra vida debe ser una buena relación con Dios.  ¿Recuerdas la historia de Marta y María? Marta se enredó en lo urgente. Sí, la visita había llegado; la comida tenía que ser servida.  Eran como una docena de hombres y se necesitaban manos. Marta se puso nerviosa y perdió el control. Tanto Marta como María conocían a Jesús. María había aprendido a tomar un tiempo de quietud en medio del ajetreo para estar con su maestro.

Mi amada hermana, cuando nos descontrolamos, es porque no estamos pasando un tiempo con Jesús.

Tenemos que entender que tenemos mucha influencia sobre nuestra familia, y esto me da miedo. Tú y yo podemos ser cristianas y vivir en la derrota, porque aunque tenemos la Palabra de Dios,  no nos hemos dado el tiempo para estudiarla y meditarla.

Muchas veces he leído la historia del pueblo de Israel y los he criticado de ser cabezas duras; pero me veo en el espejo y me doy cuenta que soy igualita a ellos.

Tenemos que entender que los israelitas no conocían a Dios. Habían visto algunos milagros, pero no tenían una relación personal con Él.

Dios tenía un plan hermoso para Su pueblo: llegar a la Tierra Prometida y gozar de Sus bendiciones; pero antes tenían que conocer al Dios de las bendiciones.

Tenían que aprender a confiar en Él y conocerle como Dios poderoso; más poderoso que Faraón. Así que Dios les tenía preparadas algunas lecciones.

  1. El pueblo tenía que aprender a confiar totalmente en Jehová.

Los Israelitas venían saliendo de una nación pagana. Hasta aquí, su vida diaria era dirigida por el Faraón. Confiaban en soldados, caballos, carros y armas. Ahora era tiempo de cambiar, pues iban a iniciar una nueva etapa de sus vidas.

El hecho de que habían salido de Egipto e iban rumbo a la Tierra Prometida, no implicaba ausencia de dificultades. Las guerras les seguirían, lo único que ahora iba a cambiar era la forma de pelear esas batallas.

Y efectivamente, dicho y hecho. El pueblo se relaja, acomodan sus tiendas cerca del mar Rojo, están descansando,  cuando de repente llega la noticia: los egipcios venían tras ellos bien armados. Los hijos de Israel, al ver el problema encima, actuaron correctamente y clamaron a Jehová. Lo malo estuvo en que solo clamaron a Él, pero no confiaron en Él.

 

Hermana, orar es bueno pero no es suficiente. Existen muchas mujeres que oran. De hecho, todas las religiones tienen sus oraciones. Las hijas de Dios debemos clamar confiando en nuestro gran Dios.  “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).

¿Qué sucede cuando solo oramos sin confiar? Lo mismo que les sucedió a ellos. Empezamos a reclamar, nos enojamos, y queremos regresar al pasado.

Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto?

¿No es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Déjanos servir a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios, que morir nosotros en el desierto” (Éxodo 14:11-12).

Los problemas  nos van a perseguir este año y el que viene, y solo se terminarán cuando lleguemos al cielo.

A veces pensamos que no es justo lo que nos acontece, y exclamamos: ¿cómo es posible que esto o aquello me esté sucediendo a mí?

“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

Las aflicciones siempre estarán presentes, pero se nos anima a confiar.

El pueblo tenía que abandonar sus antiguas costumbres y repetidas veces se les recordaba: “Confiad en Jehová”.

Éstos confían en carros, y aquéllos en caballos; Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria.   Ellos flaquean y caen, Mas nosotros nos levantamos, y estamos en pie” (Salmo 20:7-8).

“El rey no se salva por la multitud del ejército, Ni escapa el valiente por la mucha fuerza. Vano para salvarse es el caballo; La grandeza de su fuerza a nadie podrá librar” (Salmo 33:16-17).

Cada mujer ha aprendido  a resolver problemas con sus propias armas.  Es tiempo de cambiar. Marta usó el arma del reclamo para tratar de resolver su situación, y la empeoró.

La segunda cosa que tenían que aprender era descansar en Dios.

  1. Tenían que aprender a estar quietos.

¡Qué difícil es tranquilizarse en medio de un problema o situación inesperada!

Hace unas semanas estaba en el supermercado y una señora descuidó por un momento a sus dos hijos  de 3 y 4 años de edad. Cuando los buscó no los halló. En su desesperación, en lugar de preguntar y buscar alrededor, comenzó a gritar y a ponerse histérica. Me acerqué a ella para ayudarle, pero no pude hacerlo hasta que se tranquilizó.

Cada día estamos bajo ataque y tenemos que aprender a estar quietas. El salmista  nos da unos consejitos en Salmo 37:

“No te impacientes” —esto habla de tener paciencia.

“Guarda silencio” —¡qué difícil es para nosotras las mujeres guardar silencio!

“No te alteres” —casi imposible.

“Deja la ira y el enojo” —nos ganan las emociones.

“No te excites” —o sea, no te pongas nerviosa o impaciente.

En cierta ocasión, llegó una hermana a mi casa furiosa como un león. Y le pregunté: “¿Hermana, estás teniendo tu devocional?” “Sí”, me contestó. “Todos los días leo mis 3 capítulos”. ¡Tenía ganas de preguntarle de cuál Biblia!

Conocemos a más de una mujer cansada, desesperada, y hasta amargada. Aun mujeres cristianas que viven de esta forma. ¡No es justo! Dios tiene un precioso plan para cada mujer. ¡Es un desperdicio desaprovechar la oferta de Jesús!

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.  Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 28-30).

En otras palabras, debemos de orar confiando en que el Señor nos ayudará y debemos  de estar  tranquilas. Las batallas de la vida le pertenecen a nuestro Creador.

¿Qué te parece si empezamos a mejorar?

Pasa tiempo con Jesús cada día.

Busca cada día unos minutos de quietud y platícale tus angustias, necesidades,  y tristezas. No olvides agradecerle lo bueno que es contigo.

Lee tu Biblia. Seguro que Dios te hablará a través de Su Palabra.

Aquí tengo unas ideas que te ayudarán:

Libreta de apuntes: Cuando termines tu lectura, anota una frase de lo que aprendiste y que puedes poner en práctica hoy.

Marcador: Úsalo para marcar aquellos textos que te sean de bendición para después compartirlos a tus amigas.

Anota tus peticiones: Pon la fecha, y después anota cuándo recibiste la contestación.

Hermanas, hagamos una prioridad el pasar tiempo con Jesús. Si ponemos a Dios en primer lugar, todas las demás cosas serán acomodadas.

Tu vida cristiana cambiará, cuando cambies tu rutina.

Hna. Ruth Walker

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *