Cómo tener el corazón de nuestros hijos

“El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres…” Malaquías 4:6

Como mamás siempre andamos corriendo contra el tiempo, tratando de lograr hacer lo más que se pueda en las 24 horas que tenemos cada día. Tenemos el cuidado de los hijos, nuestros devocionales, la limpieza de la casa, cocinar y preparar comida, lavar y planchar, comprar mandado, llevar a los hijos a sus actividades, llevarlos a la escuela, ayudarles con la tarea, ir a la iglesia, ir a ganar almas, servir en la iglesia, atender a nuestros esposos etc., etc., etc., y la lista sigue y sigue. ¡Como madres que somos, nos encontramos con un horario súper ocupado en el que sentimos que ya no hay tiempo para nada más! ¡Qué gran error cometemos cuando permitimos que esto sea así! Por esta razón sucede que perdemos a nuestros hijos, porque nuestro horario está tan ocupado que no queremos darles tiempo a ellos. A veces nuestros esposos están tan ocupados en el ministerio o en sus trabajos que, aunque no quisiéramos que así fuera, nos corresponde la mayoría del trabajo en esta área. Hay mucho que hablar sobre este tema, pero permítame compartir tres puntos que son importantes.

1. Necesitamos Hacer el Tiempo

Hermana, quizás su hijo o hija es pequeño todavía y quiere platicar con usted, y lo que le cuenta no tiene importancia para usted y lo ve como tonterías o niñerías. Quizá quiere contarle lo que soñó en la noche y usted se encuentra ocupada y piensa que no es importante. Aquí es donde usted debería aprovechar para empezar a ganarse la confianza de su hijo o hija, dando de su tiempo para escuchar. Así su hijo va a seguir buscándola, porque va a saber que mami sí le da tiempo y sí escucha. Cometemos el error de pensar, cuando nuestros hijos ya están un poco grandecitos, que ya pueden ellos por sí solos, y ya los dejamos que maduren solos. La razón por la cual usted piensa así es porque usted se cansó de darles disciplina cuando estaban pequeñitos y ahora quiere un break, un descanso, y no quiere batallar. Pero hermana, el trabajo no se ha terminado aquí todavía…
Dios me ha dado la bendición de tener tres hijas: Stephanie de 20 años, Melissa de 17, y Priscilla de 11. Todavía me falta seguir entrenando a mis hijas, pero hasta hoy y por la gracia de Dios ellas aman al Señor y les encanta servir en la iglesia.
Yo puedo decir honestamente que el amor por el Señor y por la obra de Dios es sincero y verdadero en ellas. Ellas cantan en la rondalla, sirven en la iglesia infantil, sirven en su ruta, ganan almas, se han entregado para servir de tiempo completo, y la mayor ya está en el colegio de Fuegos de Evangelismo preparándose. Como madre que soy, no hay deseo más grande que el ver a mis hijas haciendo la voluntad de Dios. Hermanas, esto no pasa nada más por ir a la iglesia y a la escuela dominical. No sucede solo por ir a conferencias o a campamentos. Ni mucho menos va suceder con regaños y gritos queriendo forzarlos. Aparte de orar y de ser un ejemplo, es el “pasar tiempo con ellos”. Esto es algo muy importante para nuestros hijos; sin embargo, lo hacemos a un lado por el hecho de que siempre estamos ocupadas. Logramos hacer mil cosas en un día, como súper mujeres que somos, pero una de las cosas más importantes que deberíamos estar haciendo la hacemos a un lado. Pasan los días, las semanas, los meses y de repente se da cuenta de que ya sus hijos están grandes, y siente que hay una barrera entre usted y ellos. Siente que las cosas no están bien con sus hijos y que no puede lograr alcanzarlos. Siente que no se puede conectar con ellos. ¿Por qué, mamá? Porque desperdició la oportunidad cuando la tuvo de pasar tiempo con ellos platicando, escuchándolos, haciéndolos sentir que eran importantes y que usted estaba allí para ellos, ganándose el corazón de sus hijos y formando un vínculo y una conexión especial entre usted y ellos.

2. No Cierre la Puerta de la Comunicación

Hermana, habrá momentos cuando sus hijos quieran hablar con usted y tal vez le van a compartir algo no muy agradable, tal vez un error o algo malo que hicieron. No les caiga encima con regaños y gritos, escuche lo que ellos le digan y, por supuesto, dependiendo de la gravedad de la situación, deberá tomar medidas de la disciplina requerida. Proverbios 19:18: “Castiga a tu hijo en tanto que hay esperanza; Mas no se apresure tu alma para destruirlo.” Tenemos que entender que nuestros hijos están creciendo, que van a cometer errores y fallas, y necesitan instrucción y corrección, pero la peor manera de hacerlo es gritándoles, insultándolos o hasta golpeándolos. Si lo hacemos de esa manera, ellos nunca más van a tener confianza de venir a compartirnos esas cosas con las cuales batallan y no vamos a poder ayudarlos. No cierre la puerta de la comunicación, mamá. Yo he hablado con mamás que me han compartido que quisieran que sus hijos tuvieran más confianza en ellas, y tener una comunicación más cercana para platicar con ellos y saber lo que está pasando en sus vidas. Ya es muy difícil cuando son grandes, porque cuando tuvieron la oportunidad de conectarse con ellos y escucharlos, les cerraron la puerta de la comunicación por la manera incorrecta con que reaccionaron con ellos. También he visto que muchas mamás cometen el error de irse a los extremos entre el hecho de ser mamá o el de ser amiga. Por un lado están las mamás que son muy estrictas y bien duras con sus hijos, quieren tener mucha autoridad y se les olvida que sus hijos también necesitan comprensión y tener a su lado a alguien con quien puedan conversar y compartir las situaciones que a ellos les pasan. Por otro lado, están las mamás que se van al otro extremo, quieren ganarse tanto la confianza de sus hijos y convertirse en su mejor amiga, que les toleran y permiten muchas cosas que no son correctas, solo por querer ser la gran amiga; pierden la autoridad y finalmente el respeto de ellos porque las ven como una hermana mayor que solo da su opinión. Hermana, necesitamos tener un balance en este asunto, necesitamos hacer el tiempo para ellos, y no es cuando tú quieras, es cuando ellos te necesiten y usted debe estar dispuesta a HACER el tiempo para ellos.

3. Es Un Sacrificio

Hermana, si usted es una mamá que siempre está ocupada cumpliendo con sus responsabilidades y siempre esmerándose por mantener su casa en orden y atendiendo su hogar, la felicito. Pero eso no lo es todo. Quizá usted es incluso una hermana que siempre está dispuesta para ayudar y ser de bendición a otros, y ¡qué bueno que así sea! Pero ¿qué de sus hijos? Darles de comer, comprarles ropa, tenerles una casa limpia y llevarlos a la iglesia no es suficiente. ¡Pase tiempo con sus hijos, hermana! ¿Es trabajo? ¡Sí! ¿Es sacrificio? ¡Sí! ¿Se cansa uno? ¡Sí! ¡Pero es necesario y vale la pena! Yo soy mamá y tengo mis responsabilidades en casa, igual que usted. También trabajo de tiempo completo en la iglesia como secretaria y sirvo en la iglesia. Estoy ocupada todo el tiempo, batallo con mi salud y no hay día que me acueste antes de media noche por el horario tan ocupado que tengo. Cuando logro por fin acabar al final del día y con el deseo de irme a la cama, mis hijas muchas veces me buscan porque sienten la necesidad de conversar conmigo, y mami está allí lista para darles tiempo. Muchas veces estamos allí hasta las 2 o 3 de la mañana. ¿Estoy cansada? ¡Sí! ¡Muy cansada! Pero sé que mis hijas necesitan ese tiempo, y no siempre las voy a tener conmigo. Pronto crecen y se van, y el tiempo que pude aprovechar para instruirlas se acaba. Va a tener que hacer un sacrificio y hacer cosas a un lado para lograr pasar tiempo con sus hijos, sobretodo si tiene hijas. Yo no digo que es fácil, hermana, pero sí vale la pena y sus hijos lo merecen. Cuando pasen los años y cuando menos lo piense, llegará el día cuando dirá: “Valió la pena el sacrificio de darles tiempo a mis hijos.”

Hna. Moraima Aldana

2 thoughts on “Cómo tener el corazón de nuestros hijos

  1. Isabel says:

    Hola Moraima, me siento frustrada como mamá, mi hijo es adolescente y a pesar de que escucha nuestros consejos no obedece. El otro día le pregunte: amas a Dios por sobre todas las cosas y el me contesto que no, me duele ver que no puede tomar decisiones y hacer lo que a Dios le agrada. Pienso inmediatamente ¿sembré bien? y luego de leer su artículo: le he dedicado el tiempo que necesitaba? ¿lo estoy haciendo?

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